Los SMS cumplen 25 años de revolución y agonía

Fueron la primera función, adicional a la comunicación de voz, que incorporaron los móviles y abrieron todo un mundo de posibilidades

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Los SMS (Short Message Service) -no confundir con el Servicio Murciano de Salud- llegaron al consumidor por casualidad. Inicialmente fueron desarrollados como una herramienta técnica, de uso exclusivo de las operadoras, para comprobar el funcionamiento de servicio GSM. Era 1985.
Sin embargo, el 3 de diciembre de 1992 cambió la historia cuando un operario de Vodafone UK utilizó un ordenador para enviar el primer mensaje de texto a un móvil. Decía “Feliz Navidad”. Poco tiempo después, Nokia, viendo el potencial de esta tecnología, desarrolló un protocolo especial de SMS que era bidireccional. Podía ser usado por los consumidores ya que funcionaba con el estándar ya existente.

A partir de ese momento su utilización fue creciendo en paralelo a la expansión de la fiebre del móvil. Su uso fue especialmente intenso entre los usuarios más jóvenes, que entendían los SMS como una fórmula más barata de comunicarse que las entonces bastante caras llamadas de móvil. Irónicamente el precio del minuto de voz fue bajando mientras los SMS se mantenían, hasta tal punto que una conversación de SMS podía salir mucho más cara que realizar una simple llamada.

Los SMS -o mensajes de texto- permitían escribir hasta 160 caracteres, lo cual era como una especie de email en miniatura. Por ese motivo se fue desarrollando un lenguaje paralelo de palabras acortadas por su apariencia fonética, que resultaban ser toda una patada al diccionario… en cualquier idioma. El resultado eran frases tan crípticas como ’q tal, x dnd stas?’ que casi ningún adulto sabía descifrar. La economía de letras era fundamental.
Su máximo apogeo llegaba cada navidad con la felicitaciones de año nuevo, llegando a su cénit aproximadamente en el año 2009. Entonces se estimó que se enviaban a diario más de 4.000 millones de SMS, contando solo EE.UU. El precio de los SMS parecía barato, pero el equivalente a 1 megabyte se pagaba a casi 1.200 euros. 100 veces más caros que recibir datos del telescopio espacial Hubble.

Nokia 3310, demasiado retro para ser útil

El reinado fue muy intenso durante la primera década del nuevo siglo. Pero la aparición del iPhone fue el primer clavo en su ataúd, aunque nadie lo sabía entonces. Hubo que esperar al desarrollo de las apps y la llegada de WhatsApp para encontrar su némesis. Las ventajas eran evidentes ya que cada mensaje era gratuito, se podía escribir todo lo que se quisiera y además permitían añadir emoticonos. Pero esa es otra historia…

¿Para qué usamos ahora los SMS?

Pese a su estrepitosa caída, los SMS no se han extinguido. No hace tanto se vendían a granel en ofertas del tipo “500 SMS gratis” y, ahora, son gratis o casi. Su uso como método de comunicación entre personas es casi nulo, pero han encontrado un excelente refugio en la comunicación masiva con publicidad y ofertas, aunque también con mensajes personalizados de información, recordatorios administrativos o avisos de repartidores. Llegan allí donde las apps no llegan, pero en algunos casos rozando el spam.

SMS para el recuerdo

“Luis sé fuerte”
Probablemente el SMS que más titulares ha acaparado -al menos en España-. Nunca un mensaje tan corto significaba tanto. Todos los SMS enviados quedan registrados en el Sistema Integrado de Interceptación de Telecomunicaciones donde solo un juez puede dar acceso.
SMS navideños
Una auténtica mina de oro para las operadoras, que veían como cada felicitación engrosaba su caja 0,15 céntimos (o 25 pesetas en su día) y hasta 1€ si era un MMS. En fin de año los sistema echaban humo ya que cada usuario mandaba una media de 5 SMS.
Timos por SMS
Al convertirse en un fenómeno de masas, aparecieron los timadores que se aprovechaban de la ignorancia de los usuarios más débiles. Los SMS premium, suscripciones a alertas, concursos o politonos fueron los principales ganchos que costaron muchos disgustos a los consumidores.

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