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¿Quo Vadis Redes Sociales? El futuro del social media

Cómo es el (complicado) presente y cómo podría ser el futuro de las redes sociales

Por Carolina Denia ,

El fenómeno de las redes sociales es seguramente uno de los que mejor definen la evolución del mundo digital de los últimos años. Facebook, como referente de todas ellas, representa fielmente las tendencias y voracidad de este tipo de servicios que -con su mudanza al formato móvil-  han logrado convertirse en imprescindibles para la mayoría de la población “conectada”.

En el pasado recorría internet un meme que parodiaba la función de cada red social. En Facebook era “me gusta el café”, en Twitter “estoy tomando un café con @alicia”, en LinkedIn “soy bueno tomando café y también té”, en Instagram “aquí una foto de mi café de hoy”, en YouTube “tutorial de cómo tomar café” y así con todas, realizando un certero y humorístico análisis de cada red social.

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Pero esa situación ha cambiado radicalmente en poco tiempo. Tuenti o Vine han muerto y Second Life o MySpace están en el limbo. Foursquare y Flickr han perdido el mojo mientras que Google+ sigue buscándolo. Pinterest tiene su nicho en la moda, igual que LinkedIn es un imprescindible en el mundo laboral, Tinder para ligar o Twitter en el de las noticias. Instagram domina el mundo de los selfies y fotografía en general, mientras que YouTube hace lo propio con los vídeos. Snapchat es la gran estrella rebelde de los jóvenes, que sirve para aglutinar todo tipo de comunicaciones, mientras que WhatsApp es el chat de referencia del resto del mundo. Y, por supuesto, Facebook es la red social por definición, con más de 1.500 millones de usuarios activos en todo el mundo.

Pese a su explosiva aparición hace pocos años, no todas están corriendo la misma suerte. Algunas se han quedado por el camino, dejando un reguero de millones esfumados. Las más grandes han buscado su salida a bolsa -así ocurrió con Facebook o Twitter-. Por medio se encuentra un universo de redes en busca de potenciales usuarios que les lleven no sólo al crecimiento, sino también a la viabilidad.

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Y es que no todas han crecido de forma tan exitosa como pronosticaban los oráculos. Twitter es el mejor ejemplo de red sobrevalorada que no ha sabido encontrar un modelo de negocio viable y se ha estancado. Desde hace años se especula con su compra por parte de alguna gran empresa como Google, Facebook o, más recientemente, Disney, pero parece que nunca llega a materializarse. Lo irónico es que, pese a que su utilidad es innegable para un sector muy importante de la sociedad, no ha conseguido convertirse en habitual para la masa crítica de usuarios que generan rentabilidad.

Justo lo contrario podría decirse de Snapchat. La singular red social ha querido ser comprada prácticamente por todos. Google, Facebook e incluso Microsoft, que al menos ha conseguido convertirse en inversor. Todas las ofertas han sido rechazadas y en breve está prevista su salida a bolsa con una valoración aproximada de 25.000 millones de dólares. Su fortaleza es que han sabido dar con la clave para convertirse en la red social de moda entre los jóvenes. Desgraciadamente para ellos, sus divertidas funcionalidades están siendo copiadas por el resto -especialmente por Facebook-.

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No deja de ser paradójico que la política de crecimiento de Facebook sea tan agresiva. O compra a la competencia por cifras milmillonarias -como ocurrió con Instagram o WhatsApp- o, si no puede, copia descaradamente las funciones, como ocurre con Snapchat, LinkedIn e incluso hasta Wallapop.

Precisamente esto hace que se viva un momento de bastante confusión. Si una característica de una red social es exitosa, el resto la copian e integran en su funcionamiento. Así Instagram ha copiado los vídeos cortos de Vine y las historias de Snapchat. WhatsApp el cifrado de Telegram, los stickers de Line o los videochats de Skype. Periscope los directos de Meerkat. Facebook los vídeos de YouTube. Messenger los filtros de Snapchat y así en un bucle infinito en el que prácticamente todos copian algo de alguien, y que lleva a difuminar las fronteras entre las diferentes apps.

Mark Zuckerberg paseando junto a gente con visores Gear VR

Este es su presente pero ¿cuál es su futuro? Esto siempre es complicado de pronosticar. En el pasado Twitter peleaba codo con codo con Facebook. Ahora lucha por no desaparecer. Snapchat nació como nicho con sus vídeos efímeros y ha crecido exponencialmente, poniendo contra las cuerdas a la todopoderosa Facebook con sus usuarios más jóvenes.

La guerra por convertirse en la primera red que se abre cada día es realmente complicada y se ha convertido en un “todo vale” donde Facebook tiene la ventaja de ser el líder y tener mucho dinero. Aunque eso no siempre es sinónimo de éxito, como puede atestiguar Google con Google+.

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Lo que sí parece clara es la tendencia absoluta al uso desde el móvil. Las redes sociales son personales y su uso desde un dispositivo privado ha disparado su crecimiento. Así, su ámbito de acción sigue dos sendas diferentes. O su especialización para áreas privadas como Tinder, o su generalización para el uso cotidiano en perfiles públicos, como Facebook. También crecerá su uso como herramienta de trabajo y como sistema de comunicación -sobre todo en vídeo- con formas cada vez más variadas que podrían incluir en breve la realidad virtual o los wearables.

Sin embargo, también habrá que tener cuidado con su lado más oscuro y polémico. La manipulación y polarización que pueden ejercer sobre la información que ofrecen a millones de personas, y que actualmente está generando una más que fundada sombra de sospecha, por ejemplo, sobre Facebook. Y no sólo hay que vigilar los algoritmos manipulados o las políticas de empresa sobre información y publicidad. La recopilación de información masiva de los usuarios (big data) y su uso poco ético o ilegal, puede dar lugar a un futuro digno de Black Mirror.

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