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DRU, el robot repartidor de pizza de Domino’s Pizza

Nueva Zelanda estrena el primer vehículo de reparto autónomo de pizzas y no es un drone, es un simpático robot.

Por Juan Castromil ,

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Los fines de semana son momentos propicios para los repartidores de pizza, pero sus días de gloria pueden estar cerca de su fin si finalmente tiene éxito este experimento de robot repartidor de pizza que ha lanzado la cadena Domino’s Pizza en Nueva Zelanda.

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Su nombre es DRU (Domino’s Robotic Unit) y es un pequeño robot motorizado que circula por las calles de la capital -Wellington- aunque no abarca toda el área metropolitana. Su autonomía es de unos 30 kilómetros con una sola carga, así que solo unos pocos afortunados podrán recibir la visita de este futurista repartidor de pizzas que apenas levantar un metro de altura sobre el suelo.

 

DRU, que fue concebido como un vehículo de reparto autónomo-  cuenta con diversos sensores para evitar obstáculos, y permite una carga útil típica de varias pizzas y alguna que otra botella de bebida. Pero ojo, que este no es el único robot de reparto que puede aparecer en nuestra vida.

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  • Ludismo

    El ludismo fue un movimiento encabezado por artesanos ingleses en el siglo XIX, que protestaron entre los años 1811 y 1817 contra las nuevas máquinas que destruían empleo. Los telares industriales, la máquina de hilar industrial y el telar industrial introducidos durante la Revolución Industrial amenazaban con reemplazar a los artesanos con trabajadores menos cualificados y que cobraban salarios más bajos, dejándoles sin trabajo.

    Aunque el origen del nombre ludita es confuso, una teoría popular es que el movimiento recibió su nombre a partir de Ned Ludd, un joven que supuestamente rompió dos telares en 1779, y cuyo nombre pasó a ser emblemático para los destructores de máquinas.1 2 3 El nombre evolucionó en el imaginario General Luddo Rey Ludd, una figura que, como Robin Hood, era famoso por vivir en el Bosque de Sherwood.4 El historiador Eric Hobsbawm ha considerado a este movimiento de destrucción de máquinas como una forma de “negociación colectiva por disturbio”, lo que sería en esta formulación una táctica utilizada en Gran Bretaña desde la Restauración, ya que la diseminación de fábricas a través del país hizo que las manifestaciones a gran escala fueran poco prácticas.